11-02-2026
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Con el paso de los años, el cuerpo experimenta cambios fisiológicos que influyen directamente en la forma en que percibimos y regulamos la sed. En las personas mayores, esta disminución de la sensación de sed puede aumentar el riesgo de deshidratación, una situación más frecuente de lo que parece y con consecuencias relevantes para la salud y la calidad de vida.

¿Por qué las personas mayores tienen mayor riesgo de deshidratación?


Existen varios factores que explican esta mayor vulnerabilidad:

  • Disminución de la sensación de sed.
  • Cambios en la función renal.
  • Uso de determinados medicamentos (diuréticos, laxantes, antihipertensivos).
  • Dificultades de movilidad o dependencia para acceder a líquidos.
  • Problemas de deglución o miedo a la incontinencia.

Consecuencias de una hidratación inadecuada

La deshidratación en personas mayores no siempre se manifiesta con sed intensa. Algunos signos pueden pasar desapercibidos o confundirse con otros problemas:

  • Cansancio y debilidad.
  • Mareos o riesgo de caídas.
  • Confusión o desorientación.
  • Estreñimiento.
  • Infecciones urinarias recurrentes.
  • Empeoramiento de patologías crónicas.

¿Cuánta agua necesita una persona mayor?

Aunque las necesidades pueden variar según el estado de salud, el nivel de actividad física y las condiciones ambientales, de forma general se recomienda que las personas mayores ingieran entre 1,5 y 2 litros de líquidos al día.

Esta cantidad incluye no solo el agua, sino también otros líquidos y alimentos que aportan hidratación, como:

  • Caldos y sopas.
  • Leche y bebidas lácteas.
  • Infusiones suaves.
  • Gelatinas.
  • Frutas y verduras con alto contenido en agua (como naranja, sandía, melón, tomate o calabacín).

Consejos prácticos para favorecer la hidratación

Algunas estrategias sencillas pueden ayudar a mejorar la ingesta diaria de líquidos:

  • Mantener siempre agua accesible y visible.
  • Establecer rutinas (por ejemplo, beber un vaso de agua en cada comida).
  • Adaptar la textura de los líquidos en caso de dificultades de deglución, siguiendo siempre indicación profesional.
  • Ofrecer bebidas a temperatura agradable, según preferencias.
  • Implicar a cuidadores y familiares en el recordatorio y supervisión.

Hidratación y bienestar

Una correcta hidratación contribuye al buen funcionamiento del organismo, ayuda a mantener la energía, favorece la digestión y reduce el riesgo de complicaciones evitables. En el contexto de la atención sociosanitaria, cuidar este aspecto forma parte del enfoque integral centrado en la persona.